sábado, 19 de febrero de 2011

Comentario sobre la Lectura de Bolivar

No sólo las personas deben adecuarse a los cambios que vivimos a nivel social y a nivel educativo, sino que los centros también deben adaptarse a estos cambios (desde mi punto de vista demasiado frecuentes, ESO, LOGSE,LOE…) y es mejor hacerlo a través de iniciativas pequeñas  en la que los protagonistas son los agentes educativos, que no a través de grandes teorías novedosas pero que no cambian la realidad. En este entorno es donde aparecen las “learning organizations” o estructuras que aprenden.
Esta idea, que procede del mundo empresarial, debe de ser vista también con cautela ya que usar estrategias del mundo empresarial en el mundo de la escuela a veces a terminado siendo una huida que deja intacta la realidad o una forma de desmantelar más que potenciar la escuela pública. Desde esta idea se promueve un desarrollo profesional pero no individual sino colectivo, de forma crítica y sin huir del conflicto, sino encararlo de forma conjunta a través de acciones comunes, reflexión y deliberación.
No es una idea nueva, ya en los años 80 se citan conceptos como autoevaluación del centro, trabajo conjunto, aprenden en el proceso de trabajo, el cambio como aprendizaje…
Lo que es obvio es que no es posible el aprendizaje de los alumn@s sino aprenden, cambian, evolucionan, quienes tienes que enseñar: los profesores. Pero la idea generalizada es que las escuelas son sólo para que aprendan los alumn@s.
Un aspecto importante de las organizaciones que aprenden es la intención de aprender; existe una voluntad y esta se traduce en la posterior adaptación a las circunstancias cambiantes a nivel individual y grupal, internas y externas, es decir, la autotrasformación. A este punto se llega a través de la reflexión, aprendiendo de los errores y produciendo  y aportando y no sólo acumulando. Esto debe ocurrir en conjunto y colaboración y no sumando el aprendizaje y potencial individual de los miembro de la organización.
No son suficientes los factores internos (intención, identificar necesidades,  miembros, proyectos colaborativos…) sino que también existen factores externos como la política  y el entorno que deben favorecen o al menos no interferir negativamente o frenando el proceso de aprendizaje de la organización.
Anteriormente hemos comentado que el que una organización aprenda no depende de los conocimientos individuales, pero matizando esto diremos que si son importantes pero en el sentido que deben de compartirse, explicarse, comprenderlos y aportarlos en el trabajo colectivo. Deben ser herramientas tanto para la búsqueda de necesidades, de ver la realidad de la organización (¿qué se está haciendo realmente? ¿qué es lo que se espera que haga?) como para aportar soluciones comunes, porque el objetivo de los centros que aprenden es traducir ese aprendizaje en cambios en esa organización y no en aprender por aprender.
Desde la visión más empresarial, el que las organizaciones aprendan es debido a la demanda del entorno, lo que introduce nuevas premisas como la competitividad, el que una escuela progrese más que otra. Otras premisas más mercantiles (reducción de costes,  crear nuevos productos…) son las que hacen que las escuelas no encajen perfectamente en este modelo.
Se comentan ejemplos de compañías punteras en las que se da más libertad, más autonomía de acción, de adecuación al entorno y de cierta forma esto hace que se cuestione si en las escuelas también esto sería posible, una descentralización de la educación con mayor posibilidad de acción libre por parte de las escuelas y de sus trabajadores, pero de manera estable y no meramente puntual o en asuntos de poca trascendencia.
Para concluir citar que distintos autores opinan que la idea de Organizaciones que Aprenden debe ser una guía que al aplicarla en centros escolares corrija los errores del origen mercantil de la idea, ya que el mercado no puede decidir el aprendizaje,  el aprendizaje debe ser un incentivo para la implicación de la comunidad escolar en el diseño del centro y no meramente para su elección, el protagonismo debe recaer sobre los implicados en el centro.
Desde el ámbito educativo también existen zancadillas a esta idea, como la burocracia que enlentece los cambios, la descoordinación entre el profesorado (trabajo individual en vez de colectivo), rutina en el proceso de enseñanza-aprendizaje del profesor hacia los alumnos, desmotivación de los profesionales, exceso de alumnado, excesivo centralismo educativo…aunque tal vez uno de los más limitantes sea la poca o nula voluntad al cambio, la actitud oclusa a lo nuevo, a la critica.

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