Hemos podido visualizar un video en el que se mostraban diferentes posturas acerca de la necesidad o no de dicha ley. Las diferentes opiniones son:
1. "La comunidad educativa lo parecía estar esperando", que el problema no radica solo en la escuela, que "el problema está en el exceso de tolerancia y en la falta de control de las redes sociales de comunicación (Internet)", etc.
2. La ley está bien, pero "tiene algunos defectos en cuanto a lo que especifica en las relaciones", además de "atacar problemas que no existen y no tratar cosas importantes y existentes"
3. "La ley difícilmente da autoridad al profesor, está bien que se nos tenga en cuenta, pero no autoritarismo". "Todos debemos educar y la culpa es de todos, los chicos no conocen límites...". "El respeto y reconocimiento de los padres hacia los profesores hay que mejorarlo y trabajarlo". "En las escuelas hay que dar más que conocimientos, hay que llegar más allá, conocerle, enseñarles,..."
4. "Autoridad = diálogo, no imposición", "la sabiduría de entenderse con el niño". "Profesor = agente de consenso, entenderse en los procesos/reglas de cambio", "el mediador ha de estar entre el conocimiento y el niño", " que se mueva en su proyecto, que piense y tu le ayudas", "la imaginación es más importante que el conocimiento (Einstein)"
En mi opinión, creo que no es necesaria una ley de autoridad, pues si se convive en un clima adecuado, la clave está en la presencia del respeto, y éste se ha de ganar con la forma de actuar diaria. No se puede pretender que te respeten sin respetarles tú a ellos. Estoy de acuerdo en que deben existir unas normas, el cumplimiento de las mismas y consecuencias ante el incumplimiento de ellas. Lo cual no está reñido con la libertad y con unas las relaciones afectivas normales con tus alumnos. No somos amigos, pero si mediadores entre el conocimiento y el alumno, que vigila siempre por su felicidad completa y por su formación como personas. Y en esta mediación caben las risas, los chistes, los momentos de alegría y de tristeza,…, entre las partes.
La gestión de los conflictos en la escuela
En el documento de Torrego hemos podido leer acerca de las tres maneras de gestionar la convivencia y la resolución de los conflictos en los centros educativos. Los modelos son:
1. Punitivo: ante una conducta registrada como negativa, en la normativa del centro, se aplica una corrección de tipo sancionador, cuyas limitaciones son evidentes, pues la víctima no encuentra restitución del agresor, sino más bien indefensión. Ya que la persona castigada suele manifestar una falta de interés por establecer un diálogo para solucionarlo pues piensa que el problema se ha solucionado con el castigo.
2. Relacional e Integrado: ante un conflicto, la resolución se lleva a que las partes, por propia iniciativa o animados por otros, para que mediante un acto privado, busquen la solución a sus problemas con el diálogo, consiguiendo la víctima una restitución y el agresor una liberación de la culpa.
3. Integrado: va más allá, pues además de resolver el conflicto en un acto privado (si así lo requiere la situación) mediante el diálogo, quedar la víctima restituida y el agresor liberado de su culpa, se lleva el tratamiento del conflicto al ámbito público.
Tanto el modelo 2 como el 3, tienen claras ventajas sobre el 1, ya que reducen la tensión y la hostilidad, se llega a un acuerdo satisfactorio entre las partes, se abre un proceso de negociación real y beneficioso, se les hace plantearse la validez de las posicione asumidas, se incrementa la autoestima de ambas partes, dota a los alumnos de una educación en valores y de una serie de habilidades útiles para la vida.
Mi experiencia:
A lo largo mis diferentes etapas educativas y formativas, he podido presenciar diferentes formas de abordar los conflictos. He sufrido el modelo punitivo siendo la víctima y el agresor. Como víctima me he sentido indefensa, y como agresora me he sentido frustrada. No entendía desde ninguna posición porque nadie hacía algo más por mí. Así como lo puede vivir en las prácticas, vi como algunos profesores aplicaban este método de manera natural, y como otros reconocían usarlo porque no sabían ya que hacer, reconociendo haber perdido el control de la situación y estar algunos muchachos fuera del sistema.
Pero afortunadamente, también he vivido la aplicación de los métodos relacional e integrador. Cuando se me ha aplicado a mí o lo he visto aplicar, reconozco que me he sentido mucho mejor. Pues he tenido la sensación de solucionarse los problemas y como la víctima y el agresor, realmente comprendían el problema y veían soluciones, creciendo como personas todos los implicados.
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